La uva es la fruta que por excelencia se usa en el simbolismo religioso cristiano. Junto al pan, el vino tiene un simbolismo sacrosantísimo en la vasta mayoría de iglesias cristianas debido a que se usa en la Eucaristía: el “Sacramento de Nuestra Fe”.
Ya sabemos que en la Última Cena, el Señor usó al vino junto a pan. Las Iglesias Apostólicas: la Católica Romana y las Ortodoxas Orientales (Griega, Rusa, Rumana, Ucraniana, Serbia, Drusa, Maronita, Siria, Armenia, Etíope Copta y Egipcia Copta), así como las Iglesias del Protestantismo Alto que conservan los Sacramentos (Anglicana/Episcopal, Luterana, Calvinista y Metodista), usan el vino en la “Transubstanciación Mística” de la Eucaristía.
La uva viene de la vid, una planta cuyas hojas, llamadas “de parra”, también se usan para comer. Por eso a Adán y Eva se los pinta con bikinis de hoja de parra. Igualmente, los Evangelios están plagados de referencias al vino, a la vid y a la uva: El milagro de las Bodas de Canaán, los viñadores de la Viña del Señor, etc. Recurrir a la uva y al vino aseguraba una comprensión de la enseñanza, hasta por los de menos ‘luces’. Todos la conocían porque era una fruta y un licor imprescindible en la dieta europea-asiática de entonces.
Antiguamente nuestros ancestros no solían beber agua fuera de su casa. Se bebía una mezcla de agua y vino. Como muchos tenían cisternas, y pozos artesianos en sus casas o fincas, confiaban en la limpieza del agua.
Pero los que vivían lejos de fuentes naturales o artificiales, simple y directamente bebían vino diluído o sin diluir. El motivo era el miedo a la gran cantidad de enfermedades, hongos, bacterias y parásitos que se transmitían con el agua, que al mezclarse con el alcohol etílico del vino, se desinfectaba aparte de matar el mal sabor. Por eso mismo los marinos mezclaban el agua con ron, whisky, hidromiel o aguardiente. Los árabes musulmanes que no beben alcohol, lo resolvieron con un sinnúmero de tes e infusiones de plantas (el café es una de ellas), que al hervirse se esterilizan.
La uva, y su pepita, se usan para producir muchas cosas aparte del jugo de uva, llamado mosto, vino y vinagre. Naturalmente, como con toda fruta, hay muchas variedades, y cada una es con un propósito diferente. Hay uvas negras, moradas, amarillas, doradas, violetas, rosadas, marrones, anaranjadas o blancas. Y claro, cuando se desecan se llaman pasas.
La mayoría de la uva viene de la especie “vitis vinífera” o sea “vid para vino”. Es una planta que comenzó silvestre en las costas del Mediterráneo, Mar Negro y Asia Central. Aclaro que el vino no necesariamente tiene que ser de uva. Pero entonces no debe llamarse vino sino “licor de...”. Como la fermentación y destilación del alcohol etílico es un proceso controlado donde intervienen los azúcares (glucosas, fructosas, sacarosas, aminoácidos y ácidos orgánicos), cualquier fruto, grano o planta produce licor: piña, guineo, manzana, fresa... o el trigo, cebada, centeno...
Claro, para la vid es necesario un clima mediterráneo-templado, por lo que solo los países en esas latitudes son productores. 71% de la producción de uvas se usa para fermentar y destilar vino, 27% para uva de mesa a comerse fresca y 2% como frutos secos o pasas. Como la uva tiene tanta glucosa, se dedica una buena parte del mosto (jugo de uva) para obtener edulcorantes o endulzantes artificiales.
Es un fruto tan importante que cada año crece su cultivo en 2%. Los principales países productores del mundo son España con 11,750 km² de cultivo, seguido por Francia con 8,640 km², Italia con 8,270 km² y Turquía con 8,120 km².
Esto quiere decir, aunque la etiqueta diga “mis en bouteille en France”; Bordeaux, Boujolais, Chianti, o Spumanti, las probabilidades de que usted se esté tomando un vino español con etiquetado francés, italiano o alemán, es altísima, pues al igual que ocurre con el aceite de oliva, los viticultores de esos países compran el jugo de uva semi fermentado en España y se llevan las cubas a su país donde lo almacenan, añejan, embotellan y etiquetan.
Igual que con la aceituna, la producción “vitivinícola” de España antes de 1987 era 20% mayor, pues la Unión Europea le obligó a arrancar viñedos, para “no afectar las cuotas de los otros socios productores”.
Como alimento la uva es brutalmente nutritiva y completa. El elemento más importante de la uva es el azúcar, en forma de carbohidratos, glucosa y fructosa. En cada 100 gramos habría aproximadamente 18g de carbohidratos y 15g de azúcares. Sus vitaminas más abundantes son la Vitamina C (ácido ascórbico) con un 18%, B1 (Tiamina) y la B2 (Riboflavina), cada una con 5% (0.07 miligramos). Tiene cantidades menores pero adecuadas de vit. B5 (Ácido Pantoténico), B9 (ácido fólico), B12, B6 y Vitamina K (antioxidante).
En cuanto a los minerales electrolíticos esenciales para la supervivencia del cuerpo humano los tiene todos: calcio, magnesio, potasio, fósforo y potasio, teniendo además de hierro y manganeso. Sin embargo, tiene poquísimas proteínas (0.71g), lo cual para las personas con desbalances de azúcar en la sangre puede causar problemas. La carencia de proteínas y la abundancia de azúcares disparará la insulina y la glucemia.
Todo eso está muy bien pero ¿de qué me sirve consumir uvas como medicina preventiva? Pues le sirve como:
Antioxidante: combate los radicales libres que envejecen y dan cáncer, enfermedades cardiovasculares y degenerativas.
Hidratante, protectora y energética: mantiene la piel humedecida y tersa.
Fortalece el sistema inmunológico y ayuda a mantener la fluidez de la sangre: previene la formación de coágulos en la sangre.
Hipotensora: Reduce la presión arterial,
Antiinflamatoria: Vasodilatador: aumenta el flujo sanguíneo, reduciendo el esfuerzo del miocardio.
Reduce el riesgo cardiovascular. Además de los antioxidantes, el potasio y magnesio, son esenciales en los impulsos nerviosos cerebrales y en la contracción relajación del corazón.
Laxante suave: su fibra cáscara y pepita, contienen mucílacos y saponinas que ayudan a la peristalsis.
Depurativa y diurética: excelente para el sistema genitourinario y linfáticvo, en caso de hiperuricemia o gota, así como litiasis renal (favorece la eliminación de ácido úrico y otras enfermedades asociadas a la retención de fluídos).
Remedios:
Los últimos estudios científicos demuestran la eficacia de la uva para evitar o bloquear el crecimiento tumoral. Por tanto, se recomienda el consumo habitual de uva en caso de cáncer y si se presentan factores de riesgo. Se debe a que es antioxidante y no permite la proliferación del tejido neoplásico.
Está muy indicada para las mujeres embarazadas para prevenir la espina bífida, una alteración en el desarrollo del sistema nervioso del feto.
Si usted suele presentar problemas digestivos o tiene un estómago delicado lo más conveniente es consumir el jugo de la uva/mosto.
Pero, hay que ser precavido: Si es diabético, recuerde que, por la riqueza en azúcares, debe controlar la cantidad de uvas.
En algunas personas, el ácido oxálico que contienen las uvas negras, si se consumen habitualmente, puede formar sales con ciertos minerales, por lo que se ha de tener en cuenta si se padecen cálculos renales, ya que se podría agravar la situación.
Los polifenoles y los taninos, sustancias abundantes en las uvas rojas pueden desencadenar migraña en personas propensas
Sin embargo estas precauciones son muy fáciles de aplicar. el inconveniente del azúcar en la uvas se remedia mezclándola con algún fruto seco: nueces, almendras avellanas maní, altos en proteínas, etc.
Por lo visto, ya sabe: para postre uvas…
Además de un grado en Derecho, el autor tiene un Máster en Naturopatía. Contacto en San Lorenzo, Oficina de la Dra, Ruvva Millián 787-736-4555.