¿Qué es un servidor público?Pero, antes de continuar hemos de indicar que un servidor público es “una persona que brinda un servicio de utilidad social” (web). Esto significa que aquello que realiza beneficia a otras personas.
¿Bien? Continuamos con la experiencia vivida con mi vecina Aurora. Experiencia que, sin lugar a dudas, nos dejó la impresión de que los servidores públicos de la bella Isla del Encanto pueden ser catalogados como seres de “otro mundo”, que piden derechos pero olvidan deberes.
Compueblanos que, hoy se quejan de aumento gradual de la edad de retiro, aportación del empleado a su pensión, detener las ventanas de retiro, eliminar las pensiones de lujo y establecer un tope a devengar mensualmente.
Si el fin justifica los medios, pues… Adelante ambas partes: el gobierno por tratar de buscar soluciones para considerar cambios a la Reforma del Sistema de Retiro de los Empleados Público del ELA y a las organizaciones de servidores públicos por tratar de defender y garantizar los derechos de sus afiliados: servidores públicos.
Pero, ante todo este intríngulis, se nos ocurre describir al servidor público que vimos en ese momento y que a diario pulula por las agencias gubernamentales y le preocupa muy poco lo que le ofrece o le pueda ofrecer la organización a la cual pertenece y, unido a ello, le importa un comino cual es su labor para el pueblo que paga su salario.
Veamos un ejemplo de esos “velagüiras”, arrecosta’os o “vividores” gubernamentales, que no son todos, pero que son muchos.
Llegamos al DTOP de madrugada y, dicho sea de paso, la fila le daba la vuelta a la manzana. Allí nos encontramos con un guardia de seguridad quien arrancó un papel de una libreta de uno de los presentes y comenzó a coger la firma de los “agobiados” para recibir servicios.
El guardia, tan pronto abrieron las puertas, (que parecían compuertas), echó a un lado la lista del papel ya estrujado y comenzó a acomodar en una fila, a su gusto y distinción, a los presentes.
Es decir, que el que llegó primero quedó número 20 y el que llegó número 40 quedó segundo. ¿Me entendió? A eso se le llama “turno preferencial” para los parientes y panas. ¿Será por eso que en mis tiempos a estos guardias le decían “guardia palito”?
¿Palito? Palito era, también, algo flojito, que no tenía fuerza? ¡Y cuidadito con chistar porque la amenaza no se hacía esperar!
Por fin, mi vecina Aurora llegó a la ventanilla y la señora Rivera (nombre ficticio para que no la voten) que le atendió, (con “cara de teléfono ocupa’o”), le preguntó: “¿Trajo los originales? Porque si no los trajo tiene que ir a la ventanilla 13”, y sin dejarla decir ni media palabra colocó un letrerito de “Cerrado” y añadió: “El que venga atrás que arree porque yo voy a desayunar”.
Salimos prestas y sigilosas y, después de la vecina hacer el turno 18, cuando llegó a la ventanilla del señor Ramírez este le indicó que fuera a la ventanilla de al lado porque era su tiempo de merendar y salió “como alma que lleva el diablo”. Entonces, todavía sin perder la calma, fuimos al guardia y este nos indicó que una joven que estaba en el escritorio del frente nos podía atender.
Fuimos donde la señorita Pérez, y Aurora le dijo que si la podía atender y ésta le contestó que no escuchaba bien que esperara porque estaba ocupada hablando con su marido. Al cabo de unos minutos de risas y reclamos, la joven soltó su celular para decirle a mi vecina que si necesitaba copias tenía que ir fuera del edificio porque a ella le tenían prohibido ofrecer ese servicio y salió con una “loncherita” en la mano.
El guardia, al ver a mi vecina con cara de entre desesperación y coraje, se le acercó y le dijo: “Si usted va a hacer copias, entonces, aproveche y saque los sellos porque se los van a pedir y aquí no los venden”. Es decir que teníamos que ir a la tiendita del frente para las copias y luego al edificio de al lado para los sellos. ¿Adelanto de qué si tenía que hacer dos filas más? “Alabao caballero”, como diría un amigo cubano.
Salimos a comprar los sellos y al llegar, una empleada se acercó a la señora Acosta, quien iba a atender a Aurora, le dijo que era hora de desayunar, y las dos alegres y jacarandosas” se fueron camino a la cafetería, no sin antes, como buena servidora pública, Acosta le dijo: “Señora, ya mismo me relevan y la atienden”. Entonces mi vecina exclamó: “Bueno, ya para lo que queda que venga el resto”.
Y, a los dos minutos llegó el supervisor de área quien le dijo que debía esperar hasta la una de la tarde porque el que iba a relevar a la señora Acosta se tuvo que ir para su casa con la monga. ¡Monga ya casi estaba Aurora con tantas caminatas!
Entonces le llegó la indecisión al punto de las once. ¿Qué hacer? ¿Esperar por los sellos o sacar las copias? Decisión tomada, se fue a sacar las copias e hizo una filita como de 15 personas y cuando faltaba una para llegar, el servidor público gritó: “Señores la máquina se trancó y tendremos que esperar por el mecánico porque yo con esto no brego”. Y salió echando chispas.
Resumiendo, podemos indicar que Aurora salió de la agencia gubernamental aproximadamente a las tres de la tarde y no “loca de contenta con su cargamento para su ciudad”. Salió “ejmolía” “ejmallá” y rogando que los funcionarios públicos puedan lograr que la Reforma del Sistema de Retiro de los Empleados del ELA les ayude a recibir lo que esperan en su gestión, aunque ella, defraudada y desanimada, no recibió lo que esperaba de unos servidores públicos.
Aurora pudo conseguir su licencia pero no encontró servidores públicos con lealtad, respetando la dignidad de los necesitados que visitan la dependencia; vocación, comprometidos con servir a gusto a la ciudadanía; honradez, actuando sin privilegios ni discrimen; responsabilidad, aumentando la confianza en el ciudadano necesitado; competencia, demostrando conocimientos y llevándolos a la gente a la que sirve y eficiencia, logrando los propósitos de la institución para la cual trabaja.
Más aun, esos funcionarios, que tanto reclaman y de todo se quejan, deben permitir que la ciudadanía no tenga que quejarse tanto y en momentos como este, de la reforma, le puedan apoyar.
No olviden, compatriotas, que el buen servidor público es aquel que observa, en todo momento, responsabilidad, competencia y honestidad cumpliendo con la digna función de servir al pueblo, ya por su capacidad civil como por su entendimiento del deber y la ley.
Al finalizar, solo nos queda citar al filosofo y pensador griego Cicerón: “La honradez es siempre digna de elogio, aun cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho”.