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¿Un nuevo código penal?

De nuevo sale a la palestra pública la supuesta necesidad de eliminar el código penal vigente de Puerto Rico para establecer un nuevo código. ¡Que error!

Se alega que la actual ley penal además de contener un lenguaje ambiguo y desarticulado, carece de suficientes atributos para implementar un castigo fuerte y riguroso a la hora de imponer sus penas.

Esta interpretación, a mi juicio, no es enteramente correcta. En primer lugar, el nuevo código penal como cualquier otro proyecto de ley no es más que un experimento dirigido a transformar totalmente la mentalidad penal de este país. Las viejas estrategias ya arcaicas dirigidas solamente al castigo sin contemplar la prevención y la rehabilitación como fin último del convicto quedan en el pasado con esta nueva ley.

En segundo lugar, las penas de cárcel bajo el actual código se cumplen en días naturales y no con abonos sustanciales como en la vieja ley. Basta decir que bajo el código penal de 1974 una persona con 15 años o más en prisión tenía una bonificación automática de un máximo de 43%. Esto significaba que la pena real a cumplir sería 57%. En la actualidad por ser penas en días naturales el cumplimiento se haría sin derecho alguno a bonificación salvo un día por mes.

Resulta curioso, sin embargo, que los promotores de una nueva ley penal hayan olvidado que hace apenas un año enmendaron el actual código a los fines de otorgar otra vez las bonificaciones que existían en la vieja ley. ¡Qué ironía!

Finalmente, la nueva ley penal, como expresáramos, es un experimento y como tal necesita tiempo para examinar adecuadamente su funcionamiento. El código penal del 1974 aún con sus defectos estuvo vigente 30 años en Puerto Rico.

Cambiar un pensamiento penal desde sus cimientos, desde sus raíces, no es un proceso de un día para otro. Por el contrario, transformar para el futuro requiere visión, paciencia y tenacidad. Y si al final el producto obtenido resulta congruente con lo pensado y deseado indudablemente el experimento tuvo éxito al transformar no solo la visión de la ley penal si no a su vez a los que la visualizan.



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