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EduPensar: La escurridiza felicidad

altAcabo de ver una película que llama la atención de cualquiera, máxime en estos tiempos en los que el País se empobrece rápidamente. Sin duda, todos, pero particularmente los más necesitados, nos encontramos en una grave encrucijada porque todo se deteriora.

Se deterioran las carreteras, se deterioran los servicios médicos,  se deteriora la educación que reciben los estudiantes con condiciones especiales, se deterioran los servicios médicos, se deteriora la educación pública del kinder al nivel universitario y es poco o nada lo que parece hacerse para detener estas torpes andanzas hacia un mar de males.

El deterioro económico que vivimos arrastra múltiples dificultades socioeconómicas y, por supuesto, observamos cómo los niveles de felicidad, cada día más, se ven deteriorados, apabullados y mancillados en estos tiempos de escasez y de torpezas heredadas y creadas.

La película o documental que me hace recordar los aspectos relacionados al estado de felicidad que todos anhelamos desde diversas ópticas, se titula “Happy” y se puede encontrar en Netflix.

La misma termina con unos consejos fundamentales para alcanzar la felicidad vía el encuentro del significado de vivir con un propósito en estos tiempos. El consejo de quienes han realizado este filme, basado en los estudios de diversos investigadores del tema, es que hay que trascender el yo individual y poner nuestras miras más lejos, hacia un nosotros; es decir,  hacia un bien colectivo, para así, realmente, alcanzar los niveles de felicidad que, hoy, nos parecen tan escurridizos o lejanos.

“Happy” está llena de ejemplos de cómo alcanzar la felicidad y créanme que los mismos nada tienen que ver con esa guerra de egos que podemos observar en Facebook, Twitter y otras redes sociales. Contrario al hedonismo que observamos por doquier (los “selfies” de moda, la publicación de fotos del auto de lujo que se posee y los mil trucos para “aparentar” que se vive a un nivel propio de los ricos y famosos), la verdadera felicidad reside en otro lado. La misma no está vestida de trajes costosos adquiridos en el “Mall de San Juan”, en New York o en París, sino que emerge del desprendimiento de yo y la búsqueda incesante por transcender más allá de nuestra propia vida o beneficio.

Se trata de saber cuidar y demostrar compasión por la gente que nos rodea y emprender batallas por causas que son más grandes que nosotros mismos. Se trata de, al menos, dedicar una hora o un momentito a algo más elevado que los correos electrónicos que se deben contestar, la cuenta de cheques que debemos cuadrar o el objeto de lujo que todavía nos falta adquirir para estrujárselo en la cara de alquien y que así sepa que hemos llegado… 
Los estudiosos de tema nos indican que no hay que hacer un cambio tan radical en nuestras vidas. Nos dicen, por el contrario, que el “truco” está en realmente SER lo que uno es y que, incluso, podemos concebir la felicidad como una destreza, la cual no es tan diferente a las habilidad que necesitamos, digamos, para aprender el violín o destacarnos en cualquier deporte.

Este aspecto me llamó la atención muchísimo porque el mismo implica que todos podemos “educarnos para ser más felices” en tiempos buenos, así como en tiempos como los actuales, tiempos de deterioro. Claro, la fórmula para ser feliz no es la misma para cada uno de nosotros porque no hay una receta mágica.

Sí existen pasos para ir colocando los bloques que pueden construir el edificio de la felicidad que anhelamos para nosotros mismos. Entre ellos está el divertirse o jugar con la vida misma, como hacen quienes practican el “surfing”: se montan en la cresta de una gran ola y disfrutan la misma aunque tal acción implique, a veces, ser arrastrados a una orilla o a un obstáculo no deseado.

Otro de los bloques que nos permiten construir nuestra felicidad es darnos la oportunidad de experimentar nuevas experiencias, independientemente si ante los demás podemos parecerles tontos o incapaces de “dominar” algo. Variar las rutas hacia o desde el trabajo, leer un libro de manera diferente, tocar en nuestro instrumento musical una pieza distinta a la que hemos tocado siempre (yo lo hago en mi trompeta y “flugel horn”) o ver una película diferente a los temas que acostumbramos puede convertirse en una experiencia gratísima.

Asimismo, otro bloque que edifica la felicidad es estrechar los lazos con la familia y los amigos o hacer cosas que tengan significado para otros (digamos para los niños o jóvenes), apreciar lo que tenemos y otras tantas que apenas imaginamos.

Lo grande es que esos bloques con los que podemos empañetar sólidamente nuestra felicidad, ¡son gratis! y están a alcance de nuestra imaginación o nuestra mano. Así que, en lugar de quejarnos por lo que le pasa a Puerto Rico, vamos a convertirnos en constructores de nuestra felicidad, la individual, la que no le da cuentas a nadie porque reside allí donde nadie pueda robárnosla: ADENTRO.

Felixlrm@gmail.com



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