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Si no te amarras, pagas

Las estadísticas nos dicen que la tasa de uso del cinturón de seguridad entre los puertorriqueños es de 91.8 por ciento al 2015. Esa misma data también nos advierte que todavía hay muchas personas que no se amarran o lo hacen por ratos, algunas de las cuales - principalmente cuando viajan de pasajeros - terminan siendo víctimas fatales de un choque.

Esa conducta negligente se da mayormente entre los jóvenes, que no perciben que van a involucrarse en una colisión, ni que están en riesgo de muerte o de sufrir heridas de consideración. Por tanto, se resisten a usar el cinturón por entender que no lo necesitan.

En el otro lado de la moneda, los envejecientes y sobre todo las mujeres se abrochan más porque sencillamente son grupos poblacionales más cuidadosos y precavidos que los adolescentes y jóvenes adultos masculinos al conducir un vehículo, o cuando van de pasajeros.

Aunque no ofrecen números para evidenciarlo, hay estudios que aseguran que el uso del cinturón tiende a bajar en horas de la noche por la dificultad que tiene la Policía de poder detectar esa violación de ley. Y, por el contrario, tiende a subir más entre los conductores que viajan solos que entre los que van acompañados de uno o más pasajeros. Una posible explicación es que el conductor solitario está más pendiente a cumplir la norma del uso mandatorio del cinturón por estar menos distraído que aquel que está acompañado.

Todos esos análisis científicos y las estadísticas nos revelan entonces que nadie debe poner en duda que abrocharse contribuye a reducir significativamente las muertes de tránsito. De hecho, expertos en seguridad vial afirman que tanto como el 58 por ciento de los ocupantes de un vehículo que muere no estuvo abrochado al momento de producirse el choque, en su mayoría en horas de la noche. De ahí que utilizado en todo momento, el cinturón puede reducir las fatalidades de tránsito en un 45 por ciento y lesiones graves en un 50 por ciento.

Aún cuando es obligatorio, existe una idea casi generalizada de que no es necesario el “seat belt” cuando se viaja en la parte trasera de un automóvil. La respuesta es más que clara. Todos los pasajeros, irrespectivamente de donde estén sentados durante el día o la noche, corren el mismo riesgo de morir o resultar con graves lesiones si no están debidamente abrochados. Ni siquiera las personas obesas o mujeres embarazadas escapan de esa responsabilidad con su propio bienestar.

Con todos esos argumentos a favor del “seat belt” y tomándolos como punto de partida, la Comisión para la Seguridad en el Tránsito junto con la Policía Estatal y 16 uniformadas municipales llevaremos a cabo ahora en mayo y primeros días de junio una campaña educativa y operativos policiacos a gran escala para seguir creando conciencia pública sobre las consecuencias legales y los graves riesgos de no abrocharse.

En un período de 10 años, entre 2005 y 2015, murieron 1,250 personas por no usar el cinturón, lo que ha venido a representar el 30% del total de fatalidades de tránsito ocurridas en esa década. El año pasado fallecieron 79 personas, al igual que en 2014, en su mayoría jóvenes entre los 16 y 24 años.

La ofensiva que estaremos emprendiendo, cuya meta es lograr aumentar a 92 por ciento el uso del cinturón este año, será en dos direcciones. Por un lado, enfatizaremos en que el “seat belt” es la herramienta más simple y efectiva para salvar vidas en caso de un choque, Por otro, llamaremos la atención de que la policía estatal y municipales participantes estarán activas en movilizaciones selectivas para intervenir y multar a cada pasajero que no esté abrochado.

Amigos, el cinturón está ahí para usarse. Primero, porque nos protege, y segundo porque así lo dice la ley. Esas dos razones deben ser más que suficientes para cambiar las actitudes de aquellos que siguen pensando en que amarrarse es innecesario y una intromisión en el derecho a la privacidad dentro de un vehículo.

Cualquier persona, de no hacerlo, podría terminar pagando demasiado caro las consecuencias de su propia negligencia.



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