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EduPensar: Nuestros vacíos…

altHay un pensamiento poderoso que se le atribuye a Aristóteles, quien nos decía sabiamente: “La naturaleza aborrece el vacío”. Aunque el pensamiento se refiere a las leyes físicas que nos gobiernan, tiene también una gran resonancia y actualidad al momento de examinar lo que ocurre en nuestra Isla.

Sin duda, lo que observamos son tantos vacíos, tantas vacilaciones, tantas posposiciones y tantos soslayos de “nuestra” responsabilidad por “lo que nos ocurre” que no debe sorprendernos el atolladero donde hemos caído ya que la propia inacción es, al final, la gran responsable de la causa de nuestros males.

Esa posposición colectiva de asuntos que apremian no sólo se observa en los gobiernos que nos rigen, centrales o municipales, sino también en los diversos escenarios donde existe un gran vacío entre lo que se piensa o se sabe y lo que se hace o se actúa.

Miremos a nuestro alrededor y veremos que el vacío o la inacción es, realmente, la fuerza que subyace respecto a lo que ocurre a nuestro alrededor. A manera de ejemplificar mi tesis sobre lo que nos ocurre, sólo bastan varios ejemplos. Para eso, examinemos el manejo del Gobierno Central respecto a la proliferación del Zika.

Sin duda, el aumento de casos que ahora nos preocupa es el producto de una inacción y un vacío entre lo que se pensó y cómo se actuó. Cuando era indispensable mover “cielo y tierra” en una especie de movimiento comunitario respecto a la importancia de eliminar aguas estancadas en tiestos y otras áreas donde se alojan los mosquitos, preferimos posponer el asunto y dejar para otro día lo que debimos hacer ayer y, es ahora, cuando realmente entendemos el lío donde nos hemos colocado.

Por otro lado, lo cierto es que todos sabíamos que nuestros gobernadores tomaban más dinero prestado de lo que podíamos pagar, pero preferimos elegirlos, hacernos de la vista larga y dejar que la deuda de este País fuera declarada como “impagable” como si nos hubiéramos convertido de momento en un país de “embrollones” o irresponsables. De nuevo, la naturaleza se encarga de enjuiciarnos y decirnos que el vacío de la inacción tiene inmensas consecuencias o repercusiones y, entre ellas, es que todos tenemos que pagar por los errores cometidos.

El asunto no queda sólo en esos gobiernos y “desgobiernos” que hemos llevado al poder. Al igual que en los gobiernos que nos rigen, existen unas fuerzas que provocan otros vacíos, digamos en las empresas que se han desarrollado gracias al sacrificio de otras generaciones por gente honrada y trabajadora.

Algunas de esas empresas que se solidificaron a fuerza de trabajo, trabajo y más trabajo, son las que veo caer, deteriorarse o menguarse en tiempos de retos, pero también de grandes oportunidades.

La pregunta clave es, ¿acaso ese deterioro es provocado por el vacío de un liderazgo “ausente” o por la tendencia de una generación joven que prefiere situarse en “zonas más cómodas” cuando, por el contrario, los tiempos demandan desvelos y proactividad como nunca antes? Juzque usted, la realidad es que muchísimas empresas que se levantaron a fuerza de sacrificio, hoy, debido a múltiples razones, se ven atascadas, desorientadas y menguadas como jamás imaginaron.

Es cierto, “la naturaleza aborrece el vacío” y esa gran verdad también aplica a la persona, al individuo, particularmente a quien pospone y pospone, pero jamás se hace responsable de su propio destino.

Soy de los que a leguas sabe reconocer a los niños, jóvenes o adultos que los mueve una fuerza interior, a quienes Julian Rotter, llamó “internos”, gente que entiende que el destino se crea y no algo que nos golpea.

Pues bien, a esas personas la vida, les sonríe un poco más, les “regala” el fruto de lo trabajado y les convida a ir por más, a aspirar y soñar lo que para otros es imposible. Por el contrario, la gente “externa”, la que piensa que no es responsable de lo que ocurre a su alrededor, la vida le golpea, le pasa factura y le aplasta, a veces, sin compasión.

Si es que los puertorriqueños nos identificamos más con los segundos, con los “externos”, entonces no hay quien “nos salve”. Sólo nuestra férrea voluntad de hacer que las cosas sucedan y de llenar los vacíos que explican nuestros tropiezos nos liberará de estado en que nos encontramos. Si es así, ¿no es hora de luchar y confrontar al vacío con una acción renovadora para que nuestro “destino” cambie? La respuesta convertida en acción y no sólo en mero pensamiento, está en nuestra cancha…

Felixlrm@gmail.com



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