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El poder ciudadano

altImagínate reunirte con todos tus vecinos cada año en una asamblea para discutir cómo distribuir los fondos disponibles para tu comunidad. Hombres, mujeres, jóvenes, envejecientes, trabajadores, retirados y comerciantes; todos colaborando, debatiendo y votando sobre las prioridades de la vecindad.

¿Focos de luz, bacheo, vallas de seguridad, o mejoras al centro comunal? ¡Tú decides! Ahí será la comunidad -y no los partidos políticos- quienes establecerán las prioridades.

Este modelo comunitario de gobernar no es cosa de fantasía. Gran parte del éxito del desarrollo y estabilidad de Caguas, por ejemplo, se atribuye al modelo de la Gobernanza Democrática. Ya en Aguas Buenas hemos implementado de manera experimental cinco de estas asambleas, llamadas “Presupuestos Participativos”.

En las comunidades de La Rampla, Sonadora, Cagüitas Centro, La Mesa y Las Orquídeas, fueron los residentes quienes decidieron cómo usar los fondos. En algunas, pidieron los materiales para poder hacer la obra ellos, con manos voluntarias. ¡Eso sí es autogestión comunitaria!

Hace falta dejar que la gente gobierne y consultar mano a mano con la gente en vez de dejar la “participación ciudadana” en avisos públicos en los clasificados de los periódicos o vistas públicas donde no nos hacen caso. He aprendido a través de 16 años de activismo comunitario que nosotros, las comunidades, podemos hacer más con menos. Y ahora más que nunca, en crisis fiscal y con un presupuesto extremamente limitado es necesario el ahorro y la transparencia.

Vamos a dejar a los ciudadanos tener parte en las negociaciones con las compañías de recogido de basura. Y vamos a permitirles decidir qué hacer con las escuelas cerradas en su comunidad. O hacemos como en 33 países, incluyendo a los Estados Unidos, donde existen cooperativas de utilidades públicas, controladas directamente por los ciudadanos. O como en los 50 estados, donde antes de tomar prestado, los gobiernos locales y estatales tienen que consultar a los ciudadanos mediante referéndum. Los ejemplos son muchos.

Estamos tan acostumbrados a la batalla ideológica entre el gobierno grande por un lado y la privatización hacia las compañías grandes, por otro; que nunca nos damos cuenta que al final del día, nosotros, los ciudadanos, no estamos en control. No hacen falta más resoluciones de felicitaciones o lavadas de cara de los mismos programas, cuatrienio tras cuatrienio. Hace falta una filosofía de gobernanza de democracia participativa.



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