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Elecciones 2016: Es cambiar o desaparecer

altEl 8 de noviembre nos enfrentamos al proceso electoral más atípico en nuestra historia. Aunque esperados, los resultados también fueron atípicos.

Al final de la noche, el Partido Popular Democrático prevaleció en 45 de las 78 alcaldías, ganando bastiones del Partido Nuevo Progresista como Morovis, Loíza y Vega Alta, mientras perdía la gobernación, el comisionado residente, la Cámara y el Senado. No recuerdo elección alguna en que el partido de gobierno retuviese la mayoría de las alcaldías mientras perdía todo lo demás.

Es un hecho que hay una creciente insatisfacción entre los electores, principalmente nosotros los jóvenes, ante los partidos políticos, entre otras cosas, por la situación económica, la falta de oportunidades laborales, la corrupción gubernamental, la falta de transparencia, la imposición de la Junta de Control Fiscal y las decisiones que ambos partidos han tomado cuando han gobernado.

Es por ello que no me sorprende que los dos candidatos independientes a la gobernación obtuvieran cerca de un 16 por ciento, mientras que el nuevo gobernador, del PNP, prevaleció con poco más de 40% pero viendo reducido la base electoral de su partido en 229,149 votos en comparación con el 2012.

La realidad es que la presencia de candidatos independientes a diversas posiciones electivas fue algo novel en esta elección. En Estados Unidos, esta práctica no es tan extraña ante las candidaturas exitosas de los senadores Lisa Murkowski y Bernie Sanders.

En Puerto Rico, salvo la hazaña de Santos (El Negro) Ortiz quien ganó la alcaldía de Cabo Rojo como candidato independiente, no es la norma general tener candidatos independientes y que su voces sean escuchadas. Por ejemplo, el detective Alexander Febus y el líder religioso Herminio Pagán fueron candidatos independientes a la Asamblea Legislativa en 2012 y no lograron su cometido. Cabe preguntarse, ¿qué hubo distinto en esta ocasión respecto a Alexandra Lúgaro, Manuel Cidre y José Vargas Vidot?

En esta ocasión, tanto Lúgaro y Cidre, como Vargas Vidot, lograron llevar una campaña modesta a través de las redes sociales y canalizaron efectivamente la insatisfacción del electorado en favor de sus respectivas candidaturas.

Ese 16% obtenido por ambos representa el sentir de una parte del electorado cansado de los mismos estilos y resultados que, sin importar otras consideraciones, emitieron un voto de castigo con la esperanza de que hubiese un punto de inflexión en nuestra sociedad que permitiera hacer las cosas de manera distinta. Atrás quedaron los años en que el PPD y PNP sumaban sobre el 95% de los electores. Ante esta nueva realidad, dichos partidos tienen dos opciones: cambian o desaparecen.

Las nuevas generaciones somos cada vez menos disciplinadas en términos ideológicos y partidistas. Nos mueve la capacidad de captar un interés genuino del candidato a través de su espontaneidad y valentía a decir lo que piensa sin miedo al costo político. Esa práctica de decir palabras bonitas, ser ambivalente en asuntos neurálgicos y hacer promesas ilusorias está quedando atrás con la política tradicional. Al menos un 20% del electorado ya no está dispuesto a seguir ese tipo de política.

Es por eso que no me sorprende que Lúgaro, Cidre y Vargas Vidot tuviesen tanto apoyo, principalmente entre las nuevas generaciones de la que soy parte, pues eran los que más contacto tenían con el pueblo y decían lo que pensaban espontáneamente, sin ataduras partidistas o libretos. Era precisamente esa verticalidad, en tiempos de crisis, lo que esperaba la gente de sus candidatos.

Las nuevas generaciones están buscando que sus políticos se parezcan a ellos. No quieren candidatos bajándose de guaguas con decenas de escoltas mientras saludan a lo lejos como príncipes o reyes. Buscan a gente común, que los escuche y que los entienda, con la verticalidad de decir lo que piensa y dispuestos a trabajar por el País y no para adelantar agendas personales, partidistas o ideológicas.

La elección del 2016 fue atípica, histórica, sienta un precedente y podría representar el principio del fin del bipartidismo electoral si los partidos tradicionales no corrigen sus errores y escuchan a su base electoral. Recordemos que en coyunturas similares de división nacieron el PPD en 1938 y el PNP en 1967. Ante esa nueva realidad, recalco, es cambiar o desaparecer.



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Comentarios  

 
0 #1 Jose 23-11-2016 20:42
Creo que el analisis en cuanto a los candidatos INDEPENDIENTES es simplista.
 

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