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EduPensar: La era de la post-verdad

altSi usted es de los que piensa que no entiende el mundo en que vive, no se asuste, es que vive en la “era de la post-verdad”. Ya nada es seguro y ya no hay certeza sobre lo que es verdadero o falso. Lo único cierto es que la verdad como la conocíamos está lesionada, distorsionada y manoseada y, por lo tanto, cuando creíamos saber las contestaciones nos han cambiado las preguntas.

Por ejemplo, lo sucedido en las pasadas elecciones aquí, o en Colombia respecto a la consulta sobre un acuerdo de paz, o en el Reino Unido en torno a su Brexit y los demás “caprichos” en otros lugares del mundo nos recuerda el concepto acuñado por el ensayista norteamericano Ralph Keyes en su libro the “The Post-Truth Era” (2004), una explicación sintetizada de que el pensamiento lógico ha sido canjeado por un discurso basado en prejuicios, intuiciones y exageraciones, más que en el saber científico.

Es la certeza de que la “sociedad del espectáculo” reina sobre un mundo más lógico porque, incluso, la manera de expresar ideas y conceptos ha cambiado de lo extenso al “fast track” de los “bocadillos de verdad” contenidos en Facebook, Twitter y otros medios sociales.

Cuando hablamos de que vivimos en la “era de la post-verdad” nos referimos a que la mentira anda escapada, suelta o incontrolable, como una loca. La mentira es viejísima, pero este nuevo estado de cosas es más que eso, es un nuevo “orden” del desorden donde las zonas grises prevalecen y, por lo tanto, se nos hace dificilísimo determinar qué es totalmente cierto o que no lo es…
En Puerto Rico, por ejemplo, pudimos notar ese estado, casi indescifrable, en que vivimos cuando en las pasadas elecciones participaron dos candidatos independientes que aspiraban al puesto de gobernador, sin contar con las estructuras de los partidos tradicionales y que, entre ambos, alcanzaron más de un cuarto de millón de votos. Nadie, al día de hoy, podría explicarle con precisión por qué la gente se comportó así.

Lo mismo podríamos decir de las elecciones en los Estados Unidos, en las que Donald Trump le ha tirado una trompetilla o  le ha sacado al pueblo estadounidense esa lengua de serpiente que aparece ilustrada en el artículo de “Art of Lie”  en “The Economist” (10 de septiembre de 2016).

Allá, al día de hoy, nadie podría asegurarle que su nuevo presidente haya llegado hasta ese importante sitial sin antes haber jugado como un niño con una canasta de mentiras, incluyendo su inicial discurso de que Barack Obama había “trampeado” su certificado de nacimiento o que había provocado la expansión del Estado Islámico y otras tantas sutilezas.

A lo que me refiero es a que, en realidad, vivimos en un mundo en el que la gente, no poca, “toca de oído” y en el que dependemos de aseveraciones que “suenan ciertas”, pero que, al mismo tiempo, no pueden sustentarse con datos concretos. En otras palabras, vivimos en el mundo de la “aparente verdad” que, como nueva arma, le permite a los políticos enfrentarse al poder elitista mediante la exageración de las emociones y no con hechos.

El fenómeno que está ocurriendo a nuestro alrededor no es cosa liviana. En Puerto Rico y en otros lugares nos jugamos la vida al ceder nuestro futuro a personas, partidos o “movimientos” que pueden esconder motivos imperceptibles. Al escribir estas líneas, por ejemplo, noto que aquí ninguno de los dos líderes de los partidos principales pueden afianzar su liderazgo porque hay muchísimas “agendas ocultas” desde adentro, es decir, en sus propios partidos, como atestiguando aquella sentencia de que “lo más triste de una traición es que nunca viene de un enemigo”.

En lo que respecta a los Estados Unidos, es, prácticamente, lo mismo. Mientras escribo, uno de los tantos debates allá gira en torno a cuál debería ser el nivel de acceso al que debería tener el yerno de Donald Trump a una información “privilegiada”, lo cual implica que hay verdades que tardan en darnos en la cara y que ocurren rápidamente para que aprendamos, pero… ¡tarde! La pregunta obligada es ¿qué podemos hacer en este mundo matizado por la verdad “a medias”, un tanto disfrazada por las fuerzas de la emoción o la frustración colectiva?

Pues bien, creo que lo que nos corresponde es reconocer esos fantasmas que recorren el planeta, que son la verdad a medias o la “mentira en cueros”, pero no quedarnos ahí. Todos tenemos un grado de responsabilidad respecto a lo que nos ocurre, así que es tiempo de evitar arrastrarnos por la emoción y los cantos de sirenas de los políticos o de quienes hacen opinión en “nuestros mundos” (escritores, periodistas, medios de comunicación, amigos en las redes sociales y sumemos…).  Es tiempo de reconocer que la fragmentación de las fuentes de información nos ha llevado a internalizar mentiras, chismes y “verdades cojas” que únicamente pueden advertirse en el silencio de nuestra conciencia, tarea de verdaderos gigantes en este mundo ruidoso.

Felixlrm@gmail.com



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