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Dando en el Punto

altEL PLESBICITO Y LA HISTORIA

Con el solo aval del PNP, las huestes estadistas se encaminan a una consulta de estatus donde hasta el momento, solo ellos participarán y solo ellos tendrán una derrota política sin precedente. Irónico, verdad. Desde mi punto de vista esa será la suerte del estadoismo al filo del amanecer del 12 de junio. Esto luego de celebrarse la consulta que ellos (el PNP) diseñaron para sepultar, diz que el colonialismo, sin percatarse que ello simultáneamente tiene el mismo acomodo en el cortejo fúnebre. Veamos.

Para analizar la propuesta del plebiscito tenemos que ver el paralelismo de esta consulta con la consulta de 1993. La similitud de ambos procesos yace en el empecinamiento, antes de Rosselló padre y hoy de Rosselló hijo, en consultar al pueblo sobre el estatus con un ambiente cargado en su contra. Como se recuerda, en 1993 Pedro Rosselló aglutinó la oposición en su contra al firmar su primera ley donde se equiparaba el inglés y el español como idiomas oficiales. Eso provocó una multitudinaria marcha en contra del PNP y Rosselló padre

Esa mancha no fue otra cosa que enfrentar las fuerzas asimilistas versus las fuerzas puertorriqueñistas. La reacción del entonces gobernador a este evento ideológico cultural fue un detonante. Pedro Rosselló dijo que ninguno de los que protestamos había votado por él en las elecciones previas de 1992.

Así se selló la intentona del PNP de adelantar la estadidad. Esto, porque esa primera ley sirvió de elemento catalítico en su contra. Esa ley se convirtió en punta de lanza contra la intención de Pedro Rosselló de lidiar con el tema del estatus y sus políticas públicas subsiguientes. De esta manera Rosselló padre en sus primeros 30 días en Fortaleza había lanzado un grito de guerra entre los que son estadistas contra la mayoría del país que no es estadista.

Con ese espejo en la historia, el PNP legisló su plebiscito para el 2017. Igual que su padre, Ricardo Rosselló con sus primeras acciones legislativas ya aglutina la oposición en su contra. Ahí están las leyes que eliminan beneficios, niegan aumentos e imponen requisitos onerosos en el empleo a los trabajadores del sector público y privado. Ni hablar de los nuevos arbitrios en multas, licencias y los anunciados aumentos de agua y luz.

Es decir, el plebiscito de Rosselló hijo se da en un escenario muy parecido al de su padre, donde el cúmulo de la actividad legislativa del PNP ha desembocado en una enorme oposición. Lo que se manifiesta en la huelga de la UPR y las protestas obreras, el paro nacional, entre otras. A todo lo anterior añádale que el país repudia que se siga metiendo la mano al bolsillo y por otro lado se concedan los escandalosos sueldos a la directora ejecutiva de la Junta de Supervisión Fiscal, Natalie Jaresko y a la secretaria de Educación, Julia Keleher.

Con ese trasfondo, de igual manera que 1993 en el próximo plebiscito se enfrentan nuevamente las fuerzas asimilistas versus las fuerzas puertorriqueñistas. Independientemente el resultado numérico del evento, el PNP tiene todas las de perder políticamente. Si no superan el 61% que alegan consiguieron en el plebiscito de Fortuño en el 2012, su derrota moral y política será inminente.

Independientemente de lo porcentual, un triunfo de la estadidad el 11 de junio tendría que llevar su petición al mismo Congreso republicano que varias veces les ha cerrado la puerta en la cara. En ese teatro político es que el PNP con su plebiscito criollo reta a las fuerzas puertorriqueñistas. Así que no tengamos duda de que, como dijo Pedro Rosselló en su momento, “lo mejor está por venir”.



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