Dedícate a la Salud. EDIC

La familia como eje del cambio social

También tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. (Gen. 28:14)

Una de las inquietudes actuales de los padres de familia es cómo proteger a su familia de los males de la cultura actual. Seguido  por la interrogante de qué es lo que puede tener mejor efecto para fortalecer el aspecto espiritual y cómo puede impartirle convicciones firmes a su familia.

Investigaciones revelan que más de tres de cada cuatro adolescentes (78 por ciento) identificaron a sus padres como la influencia más poderosa sobre sus pensamientos y acciones.

La verdad es que los padres tienen entre tres y siete veces más influencia sobre su familia que la sociedad. ¡Esto significa que como padre influye más a sus hijos que los amigos, los maestros, la iglesia y aun la misma Biblia!

Es cierto que la figura paternal es muy importante en el desarrollo de una familia saludable, sin embargo muchas de nuestras familias se crían sin ella debido a diferentes factores como por ejemplo: padres en servicio activo en el ejército; separación o divorcio, otros están presos o los que han muerto. Y de ese pequeño grupo que convive con su familia, hay quienes están tan ocupados que dedican muy poco tiempo a sus hijos.

De manera que las familias emocionalmente saludables y estables se reducen a un porcentaje muy bajo. Para el año 2000, en Puerto Rico, había alrededor más de un millón de familias de las cuales 693,509 eran matrimonios; 52,814 eran hombres solos y 262,232 eran mujeres solas. Esto refleja un porcentaje de 69% de matrimonios, 5% de hombres solos y 26% de mujeres solas.

Por otro lado, encuestas recientes muestran que solo un 34% de las familias en América comparten una cena juntos cada día. Además, el promedio de tiempo que los padres invierten al día con sus hijos es de ocho a diez minutos. Esto incluye el tiempo que pasan frente a la televisión y el tiempo de cenar. Solo un 12% de las familias en América oran juntos. El promedio de tiempo ininterrumpido que una pareja pasa junta es de cuatro minutos.    

Esta realidad lleva a pensar en primer lugar, hay una diversidad de familias en las que no siempre está presente la figura del padre o la madre. En segundo lugar, cuando hay presencia de ambos, se enfrentan conflictos como el hecho de que ambos trabajen fuera y que el tiempo con los hijos sea limitado, lo que se agrava cuando atraviesan algún tipo de crisis individual o familiar.

No todo está perdido, pues existen recursos tales como el asesoramiento y cuidado pastoral que provee a una familia el espacio y el cuidado que se convierte en un manantial refrescante durante un viaje caluroso y polvoriento.
Siempre que haya familias dispuestas a hacer germinar la semilla que Dios ha plantado desde el principio, podremos nutrir emocionalmente y despertar la vida espiritual, para lograr descubrir ese jardín interpersonal donde se nutre el crecimiento mutuo.

Un matrimonio que crece sano, que vive momentos de gozo y felicidad puede afrontar los momentos de conflicto y dolor, y sentir que acerca el cielo a la tierra a pesar de nuestra condición de seres humanos imperfectos. Por el contrario, una familia disfuncional, desmembrada, en la cual se autodestruyen sus miembros puede ser una aproximación cercana al infierno sobre la tierra. Por tanto, está en cada uno de nosotros el tomar la decisión correcta que transforme nuestro destino con la paz y la felicidad que redundarán en beneficio para nuestra sociedad.

Para información (787) 586-3700, pastor@generacionescogida.com



Compartir en Medios Sociales
 

Regístrate para poder comentar.

Redes Sociales - Conéctate

FacebookTwitter
Banner

Nuestra Portada