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EduPensar: ¿Cómo inspirar a los universitarios adultos?

altCuando uno analiza las estadísticas de la educación superior en Puerto Rico, reconoce los grandes desafíos que confronta, pero definitivamente, uno de los sectores, particularmente la educación de adultos, es uno de sus retos mayores.

¿Cómo maximizar la infraestructura gris y humana que se utiliza durante el día en las tardes, noches y sábados y, al mismo tiempo, cómo atraer, retener e inspirar a los estudiantes adultos?, es una de las preguntas cardinales del mundo universitario. El reto en esa dirección se complica un poco más, si los cursos se ofrecen completamente en línea, en un tipo de “híbrido” o presencialmente.

No importa la modalidad instruccional, hacer que el estudiante adulto decida matricularse en una carrera nueva o adicional a la que ya poseía conlleva muchísimo pensamiento y acción renovada, si es que se desean alcanzar grandes metas.

Un artículo de Christopher Pappas que encontré en una de las revistas electrónicas que accedo en la Internet, titulada “E-learning Industry”, se refiere a varias técnicas que aplican a los cursos “en línea”, pero, a mi juicio aplican también a los cursos presenciales y las otras “modalidades” que se ofrecen a la población adulta. Entre las diversas recomendaciones a los profesores de estudiantes adultos a nivel universitario, me llaman la atención las siguientes:

Primero, haga su curso “relevante”. Los estudiantes adultos tienen que encontrarle sentido práctico a lo que estudian y las otras consideraciones pueden dejarse para más tarde. Una de las preguntas fundamentales que debe hacerse cada profesor de este tipo de estudiante es contestarse en qué grado su curso provee los conocimientos y destrezas necesarias del mundo ocupacional, real. Al diseñar cada curso, el profesor no sólo debe pensar en buenas presentaciones mediante diversas variaciones de los medios electrónicos, sino en cuánto aporta el contenido de su curso a lo que realmente demanda el mundo del trabajo.

Segundo, diseñe su curso tomando en consideración la experiencia que traen a los adultos a su clase. La realidad es que los adultos traen al salón de clases universitario un equipaje de experiencias más amplio al compararlo con el que poseen los estudiantes más jóvenes o recién graduados. Lo que esto implica es que antes de despegar su curso, el profesor debería realizar un inventario o “assessment” de cada uno de esos adultos que se sientan en su salón o se han matriculado en un curso “en línea”, total o parcialmente. El poder asegurarse si poseen el vocabulario propio de la profesión o el área “técnica” bajo estudio o, por otro lado, el nivel de dominio de los conocimientos o “competencias” requeridas, es de vital importancia para aquellos profesores que desean “enseñar” y “aprender” con sus estudiantes.

Tercero, recuerde ofrecer una retrocomunicación inmediata y constante a sus estudiantes adultos. Los estudiantes adultos desean saber si van en la dirección correcta que exige el prontuario del curso y si es que tienen que hacer alguna corrección al resolver un problema o situación relacionada con el curso, ya sea si el mismo es ofrecido de manera presencial o por otro medio. La realidad es que un profesor debe ingeniárselas para que “sus” estudiantes aprendan de los intentos, los aciertos, los errores o las diversas respuestas que pueden dar a una situación planteada en el curso.

Cuarto, haga énfasis en los “beneficios prácticos” de su curso al proyectarse al mundo del trabajo. Una de las acciones más beneficiosas que puede realizar un profesor de estudiantes adultos es enumerar o precisar cuánto puede aportar su curso al mundo real que el estudiante va a encontrar en su trabajo o “taller”. Un estudiante adulto, con cierto grado de experiencia en el mundo laboral, matriculado en un curso que no provea conocimientos y experiencias atadas a las tendencias actuales o futuras de cada profesión o área “técnica”, tarde o temprano se aburrirá o abandonará el curso para así escribir otro de esos capítulos de vida en los que todos pierden (ellos y la universidad que sea).

Quinto, diseñe sus curso en breves segmentos. Cuando se trata de educación de adultos, menos carga cognitiva y bien pensada, es mejor que muchos temas, datos o ejercicios inconexos. La invitación es a hacer cursos presenciales, “en línea” o híbridos que no abrumen al estudiante adulto y que, por el contrario, lo lleven paso a paso a las competencias requeridas.

El artículo contiene más consejos y les recomiendo una lectura completa del mismo. Estamos al inicio de diversos cursos universitarios en un País obligado a reinventarse mediante la educación. El reto es inmenso, pero si cada profesor de nuestros colegios o universidades reconoce la “unicidad” del estudiante adulto y lo inspira, no hay duda que “mañana será la esperanza”.

Felixlrm@gmail.com



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